jueves, 12 de junio de 2014

La selectividad y mi primera charla con Lobo. (Parte 2)

Lobo se dirigió hacia mi. Yo no sabía muy bien que hacer, pero intenté actuar como una persona normal (dentro de lo que cabe).

Me aparté de mi grupo de amigos y nos saludamos. Nos dimos dos besos y empezamos a hablar. Cuando miro a Lobo noto todos y cada uno de los latidos de mi corazón, intento respirar con normalidad, pero me falta el aire. Bajo estas circunstancias tuve que mantener una charla más que satisfactoria y larga.

Empezamos a hablar de la selectividad, de como nos estaban yendo los exámenes, de que opción escogimos en cada uno.

Cuando le miraba me dolía. No se como seguía el hilo de la charla. Miraba sus preciosos ojos azul claro, cuando se los miro siento que veo el cielo. Con algún comentario tonto por mi parte, él sonreía, con su preciosa sonrisa y sus aparatos en los dientes. Su fina piel con algo de barba en la cara que le hacían más sexy. 

En un momento de la charla, él me tocó el brazo, casi acariciándolo. Y yo me puse más nervioso aún. El contacto visual ya era demasiado, imaginaos el físico...

Finalmente nos despedimos por que empezaba el siguiente examen. Nos dimos dos besos y nos deseamos suerte.



Al salir del examen le vi en el pasillo sólo y me acerqué a hablar con él. Seguimos hablando sobre temas académicos. Le pregunté que quería estudiar,  de que asignaturas se examinaba. Esta segunda conversación fue más animada, hice algún chiste, nos reíamos... Durante la conversación descubrí que tenía muy buena media de bachillerato, que quería estudiar Educación Social, por que sus padres no le dejaban seguir con el baile sin que estudiase. Él se sorprendió de que yo fuese a hacer cine si hacía el bachillerato científico. De pronto volvió a tocarme el brazo un momento, y yo me moría.

Al final me puse bastante nervioso y los dos nos quedamos sonriendo mirándonos. Sin saber muy bien que decir. Yo notaba que él tenía ganas de hablar conmigo, y suponía que él también veía las mías. El momento de la sonrisa incómoda se alargaba, así que le dije algo como; Bueno yo tendría que ir fuera con mis amigas, mientras a la vez él decía si, yo tengo que esperar a una amiga que seguro que ya sale...

Nos volvimos a despedir con dos besos, pero notaba que esta vez iban con algo más de cariño. En comparación a los primeros, estos nos los dimos más céntricos, más cerca de los labios.

Moría de felicidad.
¿Por qué había venido a saludarme? ¿Por que me tenía tanta confianza si nos habíamos visto 3 veces contadas y en ninguna ocasión habíamos hablado? 

Hoy no he sido capaz de decirle nada. Y mañana será el último día que le vea hasta dentro de mucho... No se que hacer.

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